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sábado, 23 de febrero de 2019

Contigo ensin ti. / Amb tu sense tu.


Balera d'idees. Ausente de ti.
Recuerdo aquel día frente a la mar.
Tremecía la to voz.
Los tos deos afalagábenme. Yera branu.
Llegó l'iviernu. Xeláronse los tos besos.
Ensorden les alcordances. Nun s'acabó'l mio  amor.


Buida d'idees. Absent de tu.
Recordo aquell dia enfront de la mar.
Tremolava la teva veu.
Els teus dits m'acariciaven. Era estiu.
Va arribar l'hivern. Es van gelar els teus petons.
Ensordeixen els records. No es va acabar el meu amor.


domingo, 10 de febrero de 2019

¿Y si quedamos para vernos?

El tiempo pasa y aún no se ha inventado la forma de repetir lo vivido. Acumulo contactos en la agenda del móvil olvidados en la memoria virtual y el deseo efímero de quedar a tomar un café, conversar o comer. El tiempo pasa y pierdo la memoria de quién era, dónde lo conocí o por que tengo su número de teléfono. Zygmunt Bauman lo llamó la modernidad líquida. No importa el nombre que los pensadores dan a lo que antes era duradero, religión, empleo y relaciones, todo pasa a ser efímero. Importa no pararme a pensar en cuántos cafés he dejado de tomar por no quedar para hablar de nuestras cosas.
Puedo recordar el nick de las cuentas de mis ciberamigos. El móvil me recuerda las fechas de los cumpleaños. Me excuso en que regalar es un invento del marketing de los grandes almacenes. Olvidé ser generosa con los demás. Pospuse encuentros para evitar dar respuestas. Deje de contestar llamadas y no volví a escribir cartas. Todo parece justificado si permanezco en las redes sociales o envías un mensaje al móvil con cualquier tipo de meme, y si no hay un like entonces pienso que ya no me siguen o ya no soy de interés. Vivo teledirigida por un puñado de algoritmos informáticos. Entorno a un pensamiento que no es el mío. Repienso mi pasado y me doy cuenta de que soy quien no quiero ser. Me mimeticé con un entorno que corrompió las costumbres que me inculcaron. Presumo de tener un carácter fuerte mientras asumo hábitos ajenos que sólo me llevan a una realidad insatisfecha que me aísla dentro de mi caparazón para llegar a la incomunicación. ¿Dejé de preocuparme cómo se sentían los demás porque los demás no se preocupaban como me sentía yo?  ¿Dejé de telefonear porque mi teléfono dejó de sonar? ¿Se acabaron las comidas con amigos en casa porque no eran devueltas? ¿Olvidé obsequiar con regalos en cumpleaños, santos, Navidad porque se olvidaron de regalarme a mi? ¿Dejé de quejarme porque no quería que los demás me contaran sus quejas? ¿Vivimos rápido y no tenemos tiempo para ese "sobreesfuerzo social"?. Lo más sencillo fue culpar a los demás para justificarme. ¡Y me quedé tan ancha como si la verdad fuera así! ¿En dónde se quedó la generosidad? 
Mi mente hizo clic y le dijo a mi cuerpo que era el momento de parar, desconectar, descansar, reflexionar y corregir todo eso que forma parte de mi forma de vivir.  Criticar a los demás resulta sencillo porque a fin de cuentas no es más que una crítica y la mayoría de las veces ni tan siquiera valoramos la repercusión que puede tener en el ánimo de esa persona. Pero mirarme en el espejo y detenerme a un análisis exhaustivo de mi misma es duro. He pasado sin mirar atrás, empujada por el viento y las tempestades y olvidando cómo cuidarme de ellas. Y llego a la conclusión de que postergando esos momentos sólo logré silencios y ausencias, amores diluidos, heridas sin cicatriz, resquemores de culpas, tiempos vacíos...  Ya no quiero ser. Quiero estar. ¡Vamos a quedar ya!

domingo, 25 de noviembre de 2018

A propósito de la vida de las mujeres

El 24 de octubre, Carmen Alborch, se fue dejando tras de sí, la historia y la obra de una mujer con una trayectoria diferente a los ejemplos que teníamos las mujeres de los años noventa, y que por aquel entonces comenzábamos a sumergirnos en política militando activamente en el "partido", en el "sindicato" y en el recién creado Consejo de la Juventud. 


Recuerdo que tanto ella, como Cristina Almeida, fueron mis referentes como prototipo de mujer que se habían hecho un gran hueco entre tanto hombre que  presumiendo de progre, aún arrastraban pensamientos y maneras de la España oscura. Sin olvidar a Dolores ya muerta y que no sé por qué la veía como la abuela que no conocí, luchadora e incansable, con voz de mando.

Rememoro aquellas tardes, largas en debates, en que otras mujeres mucho más cercanas a mí, plantaban cara a la política de los herederos de los que habían perdido una guerra y por supuesto a los vencidos que, por aquellos días, permanecían al acecho de cualquier desliz de la democracia.  Mujeres que fueron capaces de estar en la creación de partidos, recomponer sus propias ideas con el devenir de los días, e irse a otros partidos y coaliciones o permanecer inmóviles a sus pensamientos en el origen de los tiempos de cambio. Que fueron criticadas y tal vez apartadas. No sé bien si por ser mujer o por ser capaz de renovar sus propios pensamientos pensamientos, tal vez por ambas cosas. Y en esta tormenta de recuerdos aparecen las que se jugaban sus puestos de trabajo peleando por unas condiciones más dignas e incluso al propio derecho de ser mujer, madre y trabajadora a la vez. 
Muchos nombres de mujer: Cristina, Ana, Clement, María José, Sara, Lourdes, Pili, Mariena y tantos otros nombres que la lista se haría interminable. De cualquier forma todas ellas; las que se quedaron, las que cambiaron o las que nunca estuvieron aún estando; a todas ellas, y por supuesto a mi madre que caminó siempre adelante, debo ser la mujer que hoy soy.

Y diréis por qué comienzo hablando de Carmen Alborch y llegó hasta mi madre; pues porque desde mi estantería, el libro que hoy me ha llamado pidiéndome que abriera sus páginas es "Solas" escrito por Carmen Alborch en 1999. Y en la página al azar, por la que lo he abierto, habla de nuestros recursos y capacidades y de la confianza que debemos tener en nosotras mismas para fortalecernos y hacernos más poderosas después de haber caído en una crisis psicológica por haber interiorizado nuestros fracasos...

Tras  una serie de circunstancias sobrevenidas por el simple hecho de estar viva y viviendo, me he sentido fracasada, perdiendo la capacidad de soñar y las ganas de pelear.  Son días de recuperar la fantasía, de quitarle miedo a la realidad y ponerle color a la vida. Porque también nos enseña a poner el freno de mano y aparcar nuestra mente durante un tiempo para poder plantearnos el resto del camino. 

Quiero desde aquí enviar el recuerdo a todas las mujeres de mi vida. Las mujeres de mi propia familia que conocí y las que no pero que conocí su historia. Las mujeres de las que tuve ocasión de aprender escuchándolas atentamente en sus intervenciones, las que tuve ocasión de compartir momentos de la historia y de nuestra propia  historia.  A todas ellas doy las  gracias por haber pasado por mi vida dejando un  trocito de ellas en mí.

Os recomiendo la lectura de "Solas" 
Una obra audaz y diferente que rompe estereotipos y que concluye que vivir sola no es estar sola. Desde su vivencia, pero sin olvidar que formamos parte de una cultura y de una historia particular, nos habla de los profundos cambios que han sufrido las mujeres educadas para ser, sobre todo, esposas y madres.




jueves, 31 de mayo de 2018

Entre sueños



Foto: Natalia Valdés
Ni pensar. ¿Para qué?. Todo pierde interés cuando te das cuenta de que ni la verdad, ni la mentira existen. De que todo depende del momento en que se vive y de la circunstancia que lo envuelve. Que el corazón está envuelto en música con letras de un amor imaginado. Qué las personas sólo se mueven por sus egos y desatan pasiones que disfrazan intenciones. Que la libertad no existe y somos esclavos del pensamiento ajeno. Que importa más un que dirán que un te amo. Qué somos útiles mientras ofrecemos. Qué nada importa si no permanecemos. Que la soledad es la mejor compañía entre la jauría. Qué el miedo es el mejor grillete para no equivocarse. Callarse la mejor opción para no oír reproches. Qué el dolor sólo importa al que le duele. Qué busco la oscuridad de mi habitación para acallar ésta canción. Es tan triste que prefiero seguir escuchando mi lamento antes que callar el deseo para siempre.
Quiero dormir y no puedo entre los gritos de tantos pensamientos. Acurrucarme en los brazos de un ser supremo que me proteja de tanta mierda. Qué me dé el cariño que no tengo. Las caricias que deseo. Y me susurra los versos de aquellos poetas muertos con los que sueño. Volver a nacer para dejar de ser.

martes, 15 de mayo de 2018

Tormentas en soledad

Foto: Natalia Valdés


Después de la tormenta, el miedo a los truenos no se va.
Esperando una rosa que anuncie la primavera, una sonrisa que ilumine mi rostro, un beso que reconstituya mi alma.
Me quedo inmóvil sin querer ser presa de la ira.
¿Y si no puedo ser yo?. Si las palabras y los sentimientos se confunden. Si todo no es lo que es. Si lo que parece no existe. Si las palabras son más importantes que los hechos. Si se cuestiona lo que sale del corazón. Si la sinceridad es rabieta. Si el dolor es sentimiento. Si el amor no existe. Si la duda impera. Si la libertad no vive más allá del ahora. Si la amistad es una moneda de cambio. Si los silencios son tormentas. Si la mirada está programada. Si los amigos son propiedad privada. Si la intriga es una asignatura y el secreto una carrera. Si lo importante es lo más importante. Si las cosas tienen que ser a tu manera o a la mía o a la del otro... ¿Para qué somos?. Si yo no puedo ser yo, ¿quien tengo que ser?

viernes, 2 de marzo de 2018

Tempus fugit




El tiempo continúa su camino hacia el infinito, retrocedo a un pasado anclado en recuerdos que no importan nada.
Fue muy de mañana. Quizás no tanto. Hacía sol. Giramos la rotonda en el nuevo Peugeot de segunda mano, en aquel día de invierno. No sé si la fuente tenía agua. Sé que no pensé que no volvería a vivir allí. No volvería desayunar en el bar de siempre. Ni tampoco pensé en el café sin avisar en casa de mi amiga . Miraba hacia delante. No sé si ilusionada o fingía felicidad por ir rumbo a lo desconocido alejándome de quienes me habían herido.
foto: ©nvaldés
Todo era incierto. Sin trabajo seguro, sin casa y con unos pocos ahorros en el banco que apenas durarían un par de meses.
No hubo tristes despedidas, tampoco vi lágrimas. Quizás todos estuvieran demasiado acostumbrados a verme marchar.
Era el invierno del 98 y en los siete últimos años entre viajes a cursos, contratos de trabajo fuera, viajes de placer y fines de semana que se alargaba semanas en la casa del pueblo, había perdido bastante el contacto con amigos y conocidos. Hacía cuatro años que me había casado y eso había influido para que mi vida, la de siempre hubiera sufrido los cambios habituales. Lo pienso ahora que reflexiono. Antes sólo vivía sin analizar el cómo, el por qué y el para qué.
Llegué a Mallorca y pensaba en todos. Escribía cartas que nunca o casi nunca me contestaron. Llegó la decepción y también el olvido. Pasó un año hasta que mi vida en la isla comenzó a construirse
Mi mundo había cambiado. Se hizo evidente cuando nadie me paraba por la calle. A las pequeñas cosas de cada día se les decía de forma distinta. Descubrí que allí se hablaba en otra lengua. Los días de niebla y lluvia se convirtieron en espléndidas tardes de cielo azul y paseo por la playa.
Intenté transmitir y compartir todo aquello con todos los que hasta entonces les había hecho partícipes de mis sentimientos. Apenas tuve respuestas. O las respuestas no fueron las que yo esperaba. Me había ido. Tenía otra vida y ellos seguían con la suya, la misma a la que yo había renunciado. No les interesaba saber la realidad del cambio, ni tampoco descubrir que aunque para mi ellos seguían siendo mis amigos, yo estaba ante una sociedad de costumbres y cultura diferente a la que me tendría que adaptar.
Pronto decidí renunciar a las llamadas y a las cartas. Una o dos veces por año regresaba a visitar a la familia y salía un par de noches en busca de caras conocidas. Todo era igual, pero yo era diferente.


domingo, 7 de enero de 2018

Un día menos para mi muerte.


foto: @nvaldés  2017

Es el lento camino de la existencia, el que desespera mi ansia de emociones. Postrada en la desilusión de un campo marchito, en dónde el viento se llevó los últimos pétalos de la pasión. Atrás queda el encanto coloreado de la alegría desbordada, fruto de la inocencia de juventud. De repente veo que mi rostro refleja la historia de quien, dando tumbos, conoció los obstáculos de un sendero enfangado que lleva al hoy. Cruzando ríos de lágrimas, escalando los retos de la fragilidad, luchando contra la absurda timidez que anuda mi garganta y enmudece mis labios. Mis sueños dormitan entre el absurdo desvarío de quien ya no tiene veinte años y la utopía del viajero buscando el paraíso.


domingo, 20 de agosto de 2017

El puzzle de mi vida.



Hay momentos en la vida que se prolongan más allá de los días, más allá de los meses e incluso esos momentos duran años. Esos instantes donde el menor movimiento requiere el mayor de los esfuerzos y la composición del más simple de los pensamientos es una tarea ilusoria. Cuando te encuentras en un abismo, apartado del tiovivo de la vida. En un agujero negro en el que deseas quedarte sin retorno y con ánimos de  dejar de oler las flores del campo, el canto de los pájaros, las figuras en forma de nubes arrastradas por la suave brisa del otoño que hace bailar hojas en los bosques.
De esos momentos en donde el sonido del teléfono es una tortura hasta convertirse en una fobia. En dónde el refugio más aislado es el mejor de los paraísos. En donde las palabras son banales y el silencio el mejor de los compañeros. De allí donde habita el peor de los deseos se puede salir y el tiempo te saca para invitarte a comenzar un nuevo viaje en donde muchos ya se han ido y otros están por venir. Fue ese tiempo el que se encargó de las  despedidas y de la aceptación de nunca jamás. Maestro de la vida que compone y recompone las piezas de lo que somos una y otra vez más. Cómo en un puzzle, perdemos y reencontramos piezas; muchas veces encajan perfectamente, otras se han dañado y hay que repararlas pero siempre están. Sólo hace falta eliminar lo superfluo e iluminar el espacio para ver que todo puede volver a encajar.
En diciembre hará dos años que emprendió viaje. La añoro como nunca creí que la añoraría. Las cosas que dejó conmigo siguen en donde ella las dejó. Cómo si ella fuese a volver en cualquier momento no tiré nada. Hoy, ya sé que no llamará a la puerta y me dará un beso. Hoy comienzo a limpiar de pasado mi vida para que quepa plenamente el presente.

martes, 27 de diciembre de 2016

Reflexiones / Reflexones

Foto de Natalia B. Valdés. Valle del Nalón


Nadie pensaba en aquellos lunes de mercado de mi infancia, cuando camino de La Comba, parabamos en Sama; qué treinta años después tuviera una vista del valle desde mi propia casa...
Otro valle, otros montes, otro río pero la misma historia de las gentes de la mina y el carbón. Una reindustrialización que no llegó. Un futuro qué no es. Un pasado de lucha qué ya pasó. ¿Y ahora? Vuelvo sin volver. Con la comodidad del espectador qué analiza su entorno, qué todo critica y que no participa en el día a día porque no está. Es mi tierra Asturias, son mis genes sus cuencas mineras y sus montes verdes.


Naide pensaba naquellos llunes de mercáu de la mio infancia, cuando camín de La Comba, parabamos en Sama; qué treinta año dempués tuviera una vista del valle dende la mio propia casa...
Otru valle, otros montes, otru río pero la mesma historia de les xentes de la mina y el carbón. Una reindustrialización que nun llegó. Un futuru qué nun ye. Un pasáu de llucha qué yá pasó. ¿Y agora? Vuelvo ensin volver. Cola comodidá del espectador qué analiza la so redolada, qué tou critica y que nun participa nel día ente día porque nun ta. Ye la mio tierra Asturies, son los mios xenes les sos cuenques mineres y los sos montes verdes.

sábado, 9 de julio de 2016

Semeyanza / Semejanza


Vivía ente les ruines d'una hestoria qué nun yera la suya. Papuxaba nes nueches ensin lluna mientres buscaba compañía. Cansáu baltar nun rincón esperando l'amanecer y l'amanecer atopábalu suañando. Permanecía inmóvil naquel rincón, mientres sospiraba con volver ver les estrelles. 


Vivía entre las ruinas de una historia qué no era la suya. Sollozaba en las noches sin luna mientras buscaba compañía. Cansado se tumbaba en un rincón esperando el amanecer y el amanecer le encontraba soñando. Permanecía inmóvil en aquel rincón mientras suspiraba con volver a ver las estrellas.

viernes, 24 de junio de 2016

Volviendo al pasado

Volviendo al pasado jamás se resucitará lo qué hoy ya son capítulos leídos de mi vida. Mi historia se hace cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo...
Vuelvo al pasado, volviendo a mi casa, a mi  tierra, a mi país. Con mi gente, con mis amigos, con aquellos que aportaron  tantas cosas a mi vida mientras  yo iba creciendo como persona. Aquellos que me enseñaron los valores de la vida, los que me enseñaron el precio de la verdadera amistad, los que me enseñaron a compartir las penas y las alegrías. Con los que aprendí que había que seguir luchando por lo qué creíamos. Vuelvo a casa y me encuentro con todos ellos, aunque no los vea a todos, aunque no los abrace a todos, pero  todos están  aquí en  mi  país. 
No importa la lluvia ni el cielo gris para juntarse, para reír, charlar, para ponerse al día compartiendo una comida o tomando un algo en cualquier terraza. El tiempo no se ha parado desde la última vez en la que posiblemente nos hayamos juntado en cualquier otro sitio pero en  una escena no muy diferente. Podría seguir describiendo cada una de los sentimientos, de las vivencias y de las emociones que siento cuando vuelvo a mi  Tierra pero por  muchas letras qué escriba en este blog no podré transmitir jamás la energía positiva de estos sentimientos. 
Orgullosa de mi origen, orgullosa de mi gente, orgullosa de mi Tierra.

Sheila Lumen

Eran las ocho menos diez minutos cuando pedimos dos Riberas del Duero a la camarera que atendía la barra del bar. Una muchacha se acercó a...